Erase un hombre que tenía un problema: tenía memoria a corto plazo.
No podía recordar eventos de largo plazo mas que las cosas básicas para su sobrevivencia. El primer día que le sucedió se dio cuenta que mucha gente le conocía cuando salía a la calle y siempre le saludaba. Algunos le decían su nombre, y otros no. El hombre tuvo que crearse un sistema para recordar constantemente porque despues de algunas horas, olvidaba todo.
Asi que en un papel anotaba lo importante
Recordar: tengo memoria a corto plazo
Recordar: Vivo en la calle 4, edificio 3
Recordar: tengo dinero , debajo de la cama
recordar: No confiar en nadie
Durante muchos años el hombre buscó como resolver su problema, busco medicos por todo el mundo y nunca lograron atenderlo como deseaba. Conforme pasaban los años el hombre se hizo reconroso con el mundo. Sus papeles tenian
Recordar: que nadie me toque
recordar: nadie me ama
recordar: todo el mundo me odia
recordar : Siempre olvido todo
Un buen día en que el hombre habia tenido otro periodo de desvanecencia, se acercó a él un ciego. Este ciego caminaba con un baston cuando tropezó con el bulto que estaba en el piso. El hombre de memoria corta se desperto y tiro los papeles que tenía en las manos antes de quedarse nuevamente dormido en el piso del parque -probablemente bajo los efectos del alcohol que habia bebido en exceso- . En ese instante un viento se llevo los papeles acumulados y el hombre se volvió a acomodar para continuar durmiendo. Entonces el ciego maldijo su mala suerte de tropezar y continuó su camino, pero sin darse cuenta que un papel amarillento habia caído de su sucio traje. Nadie sabría como el ciego tendría ese papel, quiza alguien lo puso alli de forma maliciosa esperando que él lo leyera, o quiza el viento lo colocó alli.
Al despertar el hombre de memoria corta miró el papel. Se quedó atónito. No recordaba nada. De pronto se vio en un hermoso parque, lleno de arboles, con la alegria de los niños, el aroma del prado. Miro a parejas de enamorados besándose y alzó los ojos al cielo para mirarlo con nubes pinceleadas por la mano de Dios. El hombre respiró y caminó sin rumbo. Hasta que volvió a dormirse.
Pasaron los días y el hombre en la calle solo tenía un papel amarillento. Cada que despertaba lo leía y se sentía satisfecho, no requeria nada. La gente comenzó a ofrecerle ayuda y el hombre aceptó la comida que le llegaba. Un día decidió alejarse más de esa ciudad ruidosa y se internó en un bosque cercano. Aprendió a sentirse completo con la naturaleza y el problema de su memoria sanó. Un día ya no necesitó de papeles, ni siquiera del papel amarillento que conservara por tantos años. Era un hombre sin identidad, ni pasado, ni futuro. Solo vivia en el presente.
Si alguien se preguntara qué decía el papel, el hombre sin memoria diria:
Recordar: hoy soy feliz
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